Gallinero, Madrid

Hoguera en El Gallinero/ Fogueira no Gallinero
Hoy la policía prendó alrededor de 30 personas, supuestamente involucradas en el robo de cables de cobre. Casi todas vivian el el Gallinero, poblado chabolista en el barrio de Valdemingómez, Madrid.
Lejos de entrar en cualquier discussión sobre si las chabolas son lugares de delincuencia y criminalidad (conozco muy bien las “favelas” de Brasil y sé que no es asi), me preocupó esta notícia porque estube en el Gallinero, hace muy poco tiempo. Pensé sobretodo en los casi 200 niños rumanos que viven alli, entre la basura del vertedero (si, Madrid tira sus desechos alli mismo!), las ratas y las inundaciones. La poca asistencia que el Estado español les dedica ha sido resultado de una lucha constante de personas como Javier Baeza, de la parroquia San Carlos Borromeo, con quien fui a conocer algo que me costó creer que existia en un país europeo.
El Gallinero y sus niños están en el olvido, hasta que una montaña de cables de cobre robados, escondidos allí, llama la atención de las instuticiones. Solo entonces, autoridades, cámaras de televisión y periódicos desviam su mirada hacia el poblado. Terminada la operación policial, se apagan los focos, ya no hay más el que contar. Los niños pueden volver a jugar con las ratas.
Hoje a polícia prendeu cerca de 30 pessoas, supostamente envolvidas no roubo de fios de cobre. Quase todas moravam no Gallinero, favela no bairro de Valdemingómez, Madrid.
Longe de entrar em qualquer discussão sobre se a favela é lugar de delinquência e criminalidade (conheço muito bem as do Brasil e sei que não é assim), essa notícia me preocupou porque estive no Gallinero não faz muito tempo. Pensei sobretudo nas 200 crianças romenas que vivem lá, no meio do depósito de lixo (sim, Madrid joga suas sujeiras ali mesmo!), dos ratos e das inundações. A pouca assistência dada pelo estado espanhol foi resultado de uma luta constante de pessoas como Javier Baeza, da paróquia San Carlos Borromeo, que me levou conhecer algo que não podia acreditar que existisse num país europeu.
O Gallinero e suas crianças estão esquecidos, até que uma montanha de fios de cobre roubados, escondidos na favela, chama a atenção das instituições. Só então autoridades, câmaras de televisão e jornais desviam seu olhar à favela. Finalizada a operação policial, as luzes se apagam e já não há mais o que contar. As crianças podem voltar a brincar com os ratos.




